Proclama de las Danzas

Proclama de las Danzas

Romería Subida del Trono.

Entrada triunfal de la Virgen de Las Nieves

Recibimiento del Representante de Su Majestad el Rey Felipe VI y comienzo de la procesión de La entrada triunfal de la Virgen de Las Nieves en la muy noble y leal ciudad de Santa Cruz de La Palma.

Procesión de la Virgen

Inicio de la procesión de la Virgen desde el Real Santuario Insular de Nuestra Sra. De Las Nieves hasta la Parroquia de la Encarnación. Recibimiento oficial de la Virgen en la Parroquia de la Encarnación. Fuegos Labrador en honor a Nuestra Sra. de Las Nieves.

Solemne Procesión de retorno de la imagen de Las Nieves

Al amanecer del 5 de agosto, onomástica de Nuestra Señora de Las Nieves, y tras permanecer apenas veinte días en la Ciudad, la Virgen retorna a su Santuario del Monte. En la tarde del día 4 la imagen, colocada ya en el interior de sus doradas «andas de viaje», recorre por última vez las calles principales del casco urbano, en la conocida como procesión de despedida. Atrás quedan cuarenta días de festejos, llenos de creatividad, diversión y devoción y los palmeros empiezan ya a pensar en la siguiente Bajada. A las 8:00 las campanas de la torre de la iglesia repican, la banda de música interpreta el Himno Nacional y la Virgen sale del templo entre los aplausos del gentío. Habrán de pasar cinco años para que esta estampa vuelva a repetirse. Luego la Virgen abandona en procesión la plaza de España, remonta las calles Pérez de Brito, Baltasar Martín y el camino del Velachero hasta llegar al barrio de Benahoare, último enclave urbano de la Ciudad. Allí la corporación municipal despide oficialmente a la imagen hasta su regreso en el plazo de cinco años. Tras los discursos, la procesión, ya sin la presencia de autoridades civiles y religiosas y sin acompañamiento musical, únicamente seguida por cientos de peregrinos, asciende por el lecho del barranco hasta Las Nieves. A escasos quinientos metros de los últimos edificios encontramos la cueva de El Roque. En este lugar se lleva a cabo, desde 1925, la representación de La Cueva, una alegoría «al encuentro y fusión de dos razas, benahoarita y española, bajo la tutela de la Virgen de Las Nieves», como especificaba el antiguo programa de actos. A mediodía, tras varias horas de camino, la imagen de la Virgen llega a la plaza de Las Nieves y, entre los aplausos del gentío, vuelve a cruzar el umbral del Santuario, del que partió tres semanas atrás. En los días siguientes continuarán los actos religiosos y las muestras de fervor popular, que se repetirán en años sucesivos cada 5 de agosto, onomástica de Las Nieves, hasta que se cumpla un nuevo ciclo lustral y la Virgen regrese a Santa Cruz de La Palma, fiel a su cita con los palmeros.

Fiesta de Arte

A modo de balance o de resumen de la Bajada se celebra (en el recinto central) la Fiesta de Arte, generalmente los días siguientes a la llegada de la Virgen a la Ciudad (hasta 1990 se celebraba la misma noche del Domingo Grande). Se trata de una gala con actuaciones musicales y otras variedades en la que se repasa alguna efeméride relacionada con las Fiestas Lustrales. En su realización han cobrado especial protagonismo en los últimos años las nuevas tecnologías multimedia y el lenguaje audiovisual. Suele contar con un mantenedor de cierto empaque: en 1995 fue la ministra de Cultura, Carmen Alborch; en 2000, su sucesora en el cargo, Pilar del Castillo; y en 2005, el ex presidente de la Conferencia Episcopal Española, el palmero Elías Yanes. También se cuenta con la presencia de la Reina de las Fiestas y de su Corte de Honor.

La Loa

La Loa de recibimiento (o, por extensión, simplemente La Loa) es la composición para coro, solistas y orquesta sinfónica que se interpreta a la llegada de la Virgen de Las Nieves a la plaza de España, momento culmen de las Fiestas Lustrales. Desde los orígenes de la Bajada existe constancia de la interpretación de cantos cultos de salutación y alabanza dedicados a la imagen en cada una de sus visitas. La actual es obra del compositor Alejandro Henríquez Brito con letra de Antonio Rodríguez López; una pieza que conserva intacto el perfume decimonónico y tardorromántico de su estreno en 1880. La Loamantiene incluso su escenificación, un tanto extemporánea, con las cantantes solistas vestidas de ángeles a la antigua usanza, y un templete clásico montado para la ocasión delante de la fuente renacentista de la plaza, ante el cual se sitúa la orquesta, formada expresamente en cada cita lustral. El coro saluda a la Virgen y los ángeles dirigen sus alabanzas a la Madre: «Purísima María, [...] recibe de este pueblo / en su cariño inmenso, / cual perfumado incienso / la fe del corazón». Luego pide al templo que acoja en su interior a la venerada imagen: «Sacro Templo, / Tabor misterioso, / entreabre tus puertas, / tu roca sea altar». Como apuntó el periodista palmero Luis Ortega Abraham, en el mismo instante en que suenan los primeros compases de La Loa,todos los festejos de las dos semanas precedentes quedan reducidos a la categoría de simple prólogo, puesto que la auténtica fiesta es la presencia de la Virgen en la Ciudad.

Diálogo del castillo y la nave

En la mañana del domingo de la Semana Grande, coincidiendo con la entrada de la Virgen en la Ciudad, tiene lugar uno de los actos tradicionales más sencillos y al mismo tiempo de mayor raigambre y emotividad de las Fiestas Lustrales: el Diálogo del Castillo y la Nave, un número que representa, como pocos, la intimidad marinera de Santa Cruz de La Palma y el prestigio del que en su día gozó su puerto, paso obligado en el tráfico marítimo europeo hacia las Indias Occidentales. El Diálogo es exactamente lo que su nombre indica: un intercambio de réplicas dramatizadas entre el iracundo Castillo, que en lo alto del risco defiende la Isla del embate de los piratas, y la pacífica Nave, enclavada en el fondo del barranco, que simula acercarse a la orilla insular portando un misterio en su interior. Las palabras amenazantes de la fortaleza («No prosigas tu rápido camino / sin decirme tu nombre y tu destino») y las respuestas tranquilizadoras del navío («Tu furia enfrena») resuenan en la desembocadura del barranco de Las Nieves gracias a los modernos equipos de megafonía y al respetuoso silencio con que la muchedumbre escucha las palabras escritas por Antonio Rodríguez López. Finalmente, los marinos anuncian, por medio de su vocero, que transportan a la sagrada persona de María; es entonces cuando el Castillo transforma sus amenazas en palabras de bienvenida («¡Salve Nave feliz! Surque tu quilla / el mar que baña la palmesana orilla») y sus cañonazos en «salvas de amor y pleitesía»; éstos, a su vez, hallan eco en la artillería del barco, antes de que la procesión continúe su marcha y la Virgen entre, por fin, en la calle Real.

Carro alegórico y triunfal

Como fiesta en buena medida heredera de las celebraciones suntuosas del Corpus Christi, la Bajada de la Virgen de las Nieves el teatro se reafirma como un elemento consustancial a su propio origen. De hecho, son loas los primeros textos literarios que hacen acto de presencia en la segunda edición de las Fiestas Lustrales; se trataba entonces de la pieza del poeta dramático palmero Juan Bautista Poggio Monteverde (1632-1707), autor del monólogo Hércules, Marte de Tebas, representado en 1685. Una porción importante de este teatro buscó su espacio escénico en la calle por medio de tablados montados bien en la plaza mayor (hoy, plaza de España), bien en los patios o llanos conventuales (de la Inmaculada Concepción, de San Miguel de las Victorias, etc.). Pero la vía pública sirvió también de escaparate para la puesta en escena de proyectos de teatro móvil, a través de la fuerza de las bestias de carga, siendo lo más frecuente hallar entre la documentación histórica una o más yuntas de bueyes tirando de carruajes en cuyo interior actuaban los intérpretes. La continuada repetición de personajes de naturaleza metafísica y figurada (como La Fama, La Fe, La Isla, etc.) propició que poco a poco fuera institucionalizándose el apelativo alegórico en su denominación, a la que además se añadió triunfal como expresión del tratamiento glorioso de los temas y motivos presentados por los textos.

La Danza de los Enanos

En cada enero de los años acabados en cero y en cinco, un poco sencilla y familiar entra en el catálogo sonoro de la ciudad y los ciudadanos y ya nos acompañará de corrido, entre la alegría de la presencia y la nostalgia de la rauda desaparición. El sonido tiene forma, real y virtual, desde hace un siglo, cuando el comerciante palmero Miguel Salazar Pestana ideó la transformación de un personaje conocido y popular en todas las latitudes, caricatura del francés fanfarrón que apareció en aleluyas catalanas y ediciones castizas, en naipes y manufacturas cerámicas, en cabezudos y gigantes de España y en el folclore virreinal de América. Por gracia de Salazar, y del núcleo ilustrado que ideaba y sostenía las acciones culturales, el icono del franchute lució nuevo y fresco, como recién imaginado, como recién hecho. Y así lo vió y lo ve el público, cada vez- cada lustro- más numeroso, más sorprendido, más integrado en la ilusión común que, para acabar en prodigio, necesitaba del concurso amoroso de todos. El clima cultural de la ciudad y la isla, la dedicación a las causas públicas de intelectuales y artistas de probada capacidad, permitió, entre otros grandes, la invención civil que ilustra nuestras fiestas mayores. Con versos de Domingo Carmona Pérez y música del polifacético Elías Santos Abreu, mediante el paso por una caseta mínima y diáfana, unos viejos achacosos y jaraneros de transmutaron en mínimos bailarines de una polca de moda. Heredados de las solemnidades del Corpus Christi, los enanos frecuentaron fiestas locales y efemérides políticas- tales como la proclamación de Isabel II en 1833, que aparece como su primera referencia escrita- hasta que, por feliz iniciativa, se consagraron en exclusividad a la Patrona de La Palma y los palmeros y a sus originales bajadas. José Díaz Duque atribuye a otro Salazar- Miguel de Salazar y Umarán- la dedicación mariana en 1835. En los lustros de las teas y las lámparas de petróleo, la veloz metamorfosis contó con la complicidad de las sombras y la celosa tutela ciudadana. En la segunda bajada del siglo XX, con el piadoso mandado en sus corazones de paja y trapo, vencieron su gran reto contemporáneo: la convivencia con la luz eléctrica. Así pues, desde 1905, los enanos ganaron en crédito y simpatía y, ahora, en la era digital, gozan de buena salud, porque, de una parte, su humor, dignidad y mesura y, de otra, la conciencia patriótica y festiva del pueblo de origen, aportan eficaces herramientas para la supervivencia de una Singularidad dentro de la globalización uniformadora. Con las ilustres excepciones de Higinio Carmona y Alejandro Henríquez, a lo largo del siglo XX, cuatro generaciones de la familia del doctor Santos Abreu asumieron los cometidos musicales del espectáculo. En las danzas coreadas de la primera parte, personajes de diverso origen y oficio, vestidos con trajes talares y báculos simbólicos, cantaron a la Dama del Monte, con partituras de Domingo Santos Rodríguez, Elías Santos Pinto y Domingo Santos García. En 1925, el mismo Santos Rodríguez compuso una pieza vibrante y colorista, acaso con la vocación efímera de esa bajada; pero fue tan grata y emotiva la acogida que, dieciséis quinquenios después, resulta extraño pensar en otra melodía que represente tan ajustada y alegremente tan ajustada y alegremente el espíritu del número. La Polca de Domingo Santos entró con pie firme y agrado ciudadano en la medula lustral y fue- con la bella Loa de entrada de 1880, escrita para tenor y barítono por Alejandro Henríquez, y el Diálogo del Castillo y la Nave (1885) por prolífico Rodríguez López- elemento fijo del programa, pieza estelar del repertorio de la banda capitalina (San Miguel), y referente de unas fechas ambiciosas cuya fama transciende las fronteras insulares. Tras el poeta festivo Carmona Pérez se inscribieron en la nómina de letrista el versátil José Felipe Hidalgo que transitó entre las bellas artes, la enseñanza de idiomas y la taxidermia; José Acosta Guión, imbuido del ampuloso modernismo; José Lozano Pérez, autor de metáforas finas y eufóricas; Félix Duarte Pérez, poeta de raza y facundia: y Manuel Henríquez Pérez que, en la isla y fuera de ella, sumó fervor y humor, valores compatibles del carácter isleño, a los cánticos de griegos, navegantes, peregrinos, musulmanes, vikingos... En 2005 se convocó, por primera vez, un concurso público para la Danza coreada y se premió la Marcha de Caballeros, de Luis Ortega Abraham y Fran Medina Concepción, cuyo argumento visual y literario nos devuelve a 1905, el guarismo mágico de los enanos contemporáneos. Un siglo después, sobre las diminutas espaldas de los coristas consagrados al culto y adoración de Miriam, descansa el peso y el éxito de las fiestas. Los enanos constituyen un activo cultural y un icono con vasto poder de comunicación exterior y, como tales, deben ser preservados y defendidos por la sociedad civil que los creó y sostiene y por la corporación local que, en nombre del pueblo, los administra. Es tan sincero el motivo, el baile masculino a la Virgen que representa a la madre y a la tierra; tan inteligente el artificio, y tan limpia la puesta en escena que, toda pretensión interesada y grandilocuente atenta contra su naturaleza sencilla, contra su origen y contra su futuro. LETRA SOMOS LO QUE APARENTAMOS Somos lo que aparentamos, pobres de solemnidad. La miseria que arrastramos, por donde quiera que vamos hambre, dolor, soledad, no nos resta dignidad porque con fe reclamamos la evangélica igualdad. Al sufrir por la codicia, la mentira y la crueldad lo que no da la justicia lo pedimos por piedad. Siempre el rico le da al pobre y es una triste verdad por la caridad del cobre, su cobre de caridad. Madre, esposa, compañera que, en la escuela de vivir enseñó la verdadera lección de dar y pedir. Con su límpida grandeza y tierna solicitud alivió nuestra pobreza con el don de la salud. Sepan que estas penas leves que salen del corazón por La Virgen de Las Nieves se hacen plegaria y canción. En su honor nos disponemos nuestra promesa a pagar y, con el alma, saldremos toda la noche a bailar. Esta polca de la historia que llega a continuación pone en vuelo la memoria y hace niño al corazón.

La Danza de los Enanos

En cada enero de los años acabados en cero y en cinco, un poco sencilla y familiar entra en el catálogo sonoro de la ciudad y los ciudadanos y ya nos acompañará de corrido, entre la alegría de la presencia y la nostalgia de la rauda desaparición. El sonido tiene forma, real y virtual, desde hace un siglo, cuando el comerciante palmero Miguel Salazar Pestana ideó la transformación de un personaje conocido y popular en todas las latitudes, caricatura del francés fanfarrón que apareció en aleluyas catalanas y ediciones castizas, en naipes y manufacturas cerámicas, en cabezudos y gigantes de España y en el folclore virreinal de América. Por gracia de Salazar, y del núcleo ilustrado que ideaba y sostenía las acciones culturales, el icono del franchute lució nuevo y fresco, como recién imaginado, como recién hecho. Y así lo vió y lo ve el público, cada vez- cada lustro- más numeroso, más sorprendido, más integrado en la ilusión común que, para acabar en prodigio, necesitaba del concurso amoroso de todos. El clima cultural de la ciudad y la isla, la dedicación a las causas públicas de intelectuales y artistas de probada capacidad, permitió, entre otros grandes, la invención civil que ilustra nuestras fiestas mayores. Con versos de Domingo Carmona Pérez y música del polifacético Elías Santos Abreu, mediante el paso por una caseta mínima y diáfana, unos viejos achacosos y jaraneros de transmutaron en mínimos bailarines de una polca de moda. Heredados de las solemnidades del Corpus Christi, los enanos frecuentaron fiestas locales y efemérides políticas- tales como la proclamación de Isabel II en 1833, que aparece como su primera referencia escrita- hasta que, por feliz iniciativa, se consagraron en exclusividad a la Patrona de La Palma y los palmeros y a sus originales bajadas. José Díaz Duque atribuye a otro Salazar- Miguel de Salazar y Umarán- la dedicación mariana en 1835. En los lustros de las teas y las lámparas de petróleo, la veloz metamorfosis contó con la complicidad de las sombras y la celosa tutela ciudadana. En la segunda bajada del siglo XX, con el piadoso mandado en sus corazones de paja y trapo, vencieron su gran reto contemporáneo: la convivencia con la luz eléctrica. Así pues, desde 1905, los enanos ganaron en crédito y simpatía y, ahora, en la era digital, gozan de buena salud, porque, de una parte, su humor, dignidad y mesura y, de otra, la conciencia patriótica y festiva del pueblo de origen, aportan eficaces herramientas para la supervivencia de una Singularidad dentro de la globalización uniformadora. Con las ilustres excepciones de Higinio Carmona y Alejandro Henríquez, a lo largo del siglo XX, cuatro generaciones de la familia del doctor Santos Abreu asumieron los cometidos musicales del espectáculo. En las danzas coreadas de la primera parte, personajes de diverso origen y oficio, vestidos con trajes talares y báculos simbólicos, cantaron a la Dama del Monte, con partituras de Domingo Santos Rodríguez, Elías Santos Pinto y Domingo Santos García. En 1925, el mismo Santos Rodríguez compuso una pieza vibrante y colorista, acaso con la vocación efímera de esa bajada; pero fue tan grata y emotiva la acogida que, dieciséis quinquenios después, resulta extraño pensar en otra melodía que represente tan ajustada y alegremente tan ajustada y alegremente el espíritu del número. La Polca de Domingo Santos entró con pie firme y agrado ciudadano en la medula lustral y fue- con la bella Loa de entrada de 1880, escrita para tenor y barítono por Alejandro Henríquez, y el Diálogo del Castillo y la Nave (1885) por prolífico Rodríguez López- elemento fijo del programa, pieza estelar del repertorio de la banda capitalina (San Miguel), y referente de unas fechas ambiciosas cuya fama transciende las fronteras insulares. Tras el poeta festivo Carmona Pérez se inscribieron en la nómina de letrista el versátil José Felipe Hidalgo que transitó entre las bellas artes, la enseñanza de idiomas y la taxidermia; José Acosta Guión, imbuido del ampuloso modernismo; José Lozano Pérez, autor de metáforas finas y eufóricas; Félix Duarte Pérez, poeta de raza y facundia: y Manuel Henríquez Pérez que, en la isla y fuera de ella, sumó fervor y humor, valores compatibles del carácter isleño, a los cánticos de griegos, navegantes, peregrinos, musulmanes, vikingos... En 2005 se convocó, por primera vez, un concurso público para la Danza coreada y se premió la Marcha de Caballeros, de Luis Ortega Abraham y Fran Medina Concepción, cuyo argumento visual y literario nos devuelve a 1905, el guarismo mágico de los enanos contemporáneos. Un siglo después, sobre las diminutas espaldas de los coristas consagrados al culto y adoración de Miriam, descansa el peso y el éxito de las fiestas. Los enanos constituyen un activo cultural y un icono con vasto poder de comunicación exterior y, como tales, deben ser preservados y defendidos por la sociedad civil que los creó y sostiene y por la corporación local que, en nombre del pueblo, los administra. Es tan sincero el motivo, el baile masculino a la Virgen que representa a la madre y a la tierra; tan inteligente el artificio, y tan limpia la puesta en escena que, toda pretensión interesada y grandilocuente atenta contra su naturaleza sencilla, contra su origen y contra su futuro. LETRA SOMOS LO QUE APARENTAMOS Somos lo que aparentamos, pobres de solemnidad. La miseria que arrastramos, por donde quiera que vamos hambre, dolor, soledad, no nos resta dignidad porque con fe reclamamos la evangélica igualdad. Al sufrir por la codicia, la mentira y la crueldad lo que no da la justicia lo pedimos por piedad. Siempre el rico le da al pobre y es una triste verdad por la caridad del cobre, su cobre de caridad. Madre, esposa, compañera que, en la escuela de vivir enseñó la verdadera lección de dar y pedir. Con su límpida grandeza y tierna solicitud alivió nuestra pobreza con el don de la salud. Sepan que estas penas leves que salen del corazón por La Virgen de Las Nieves se hacen plegaria y canción. En su honor nos disponemos nuestra promesa a pagar y, con el alma, saldremos toda la noche a bailar. Esta polca de la historia que llega a continuación pone en vuelo la memoria y hace niño al corazón.

Minué (Festival del S. XVIII)

Entre las aportaciones al desarrollo del programa de actos de la Bajada de la Virgen durante el siglo XX, el Festival del siglo XVIII viene protagonizando como número principal la noche del miércoles de la Semana Grande. Creado por primera vez en la edición lustral de 1945, el número contó entonces con la aportación literario musical de Luis Cobiella Cuevas (Santa Cruz de La Palma, 1925), quien desde Madrid había comenzado a componer la obra Minué, Romanza y Coro el año anterior, y la colaboración organizativa, coreográfica y de vestuario de Alberto José Fernández García, Argelio Pérez Algarrada, Álvaro Rodríguez Fernández, Celestino Cabrera y Celio Díaz. Y ya al día siguiente de su estreno, la cabecera insular Diario de avisos vaticinaba que el Festival habría de «quedar incorporado a los números tradicionales del programa de la Bajada de la Virgen». El Festival del siglo XVIII aúna, como lo hacen otros espectáculos de la Bajada lustral, las artes de la música, de la poesía y de la danza, recreando en su caso la puesta en escena de las históricas danzas cortesanas dieciochescas. Inspirado en los temas y motivos estéticos del Rococó, el Festival del siglo XVIII busca establecer un diálogo desde la modernidad con los gustos setecentistas en una fusión en la que interactúan coreografía, melodía, poesía, indumentaria y artes escénicas.

Danza de acróbatas

Con los Acróbatas y su espectáculo de contorsiones, cabriolas, piruetas, trepas, equilibrios, vueltas y saltos, las calles y plazas de Santa Cruz de La Palma rememoran el arraigo del histrionismo circense que desde finales del siglo xix mantuvo ocupados a los palmeros más gallardos y bizarros. Con su mágica presencia y su siempre brillante actuación, los hombres y mujeres del circo abrieron en La Palma una ventana a la fundación de sociedades locales dedicadas a la enseñanza y promoción del ejercicio físico entre los más jóvenes; primero, «La Patriótica» y, años más tarde, otras asociaciones contribuyeron a fortalecer la idea de la coreografía artística como mecanismo espectacular y medio eficaz para el fomento de la activación del cuerpo, clave según promulgaban las novedosas tendencias de cuidado, salubridad e higiene del siglo. Como ha puesto de relieve el historiador José Eduardo Pérez Hernández (Breña Alta, 1968), fue en 1885 cuando «La Gimnástica» inauguró la primera puesta en escena de las entonces denominadas «danzas caprichosas de gimnastas» en el contexto de la Bajada de la Virgen. La prensa insular saludaba el novedoso número con entusiasmo, anunciado para comenzar a las 8 de la noche el lunes 13 de abril en la plaza de Santo Domingo, continuando con varias representaciones en las calles O'Daly, Santiago (actual Pérez de Brito), las cuatro esquinas, Santa Catalina, placeta de Borrero y plaza de la Constitución (hoy, plaza de España). La segunda edición, en la Bajada de 1895, la «ingeniosa» danza «de gimnastas resultó de mucho efecto, por los grupos elegantes y variados que formaban, sobresaliendo el que imitaba una fuente monumental, que agradó muchísimo», comenta la crónica correspondiente publicada el 4 de mayo por El adalid. Olvidada en la cita lustral desde su última actuación en 1975, en la edición de 2005 volvió su encantadora coreografía a inundar las calles de Santa Cruz de La Palma. Niños y jóvenes de entre unos 6 y 18 años aproximadamente comparten la grandeza del escenario urbano de la capital insular para insinuar a los espectadores, aglomerados en las aceras, la deslumbrante destreza de su epopeya acrobática, de su poética danza, al calor de la omnipresente melodía chispeante que interpreta la Banda Municipal de Música San Miguel. La contorsión no tiene límites y el redoble de la caja de guerra anuncia el momento más emocionante: en la doble escalera se despliegan brazos y piernas formando una figura casi imposible, una proeza que pone en juego las largas semanas de ensayo que preceden al estreno. Es de noche y la ruta marcada por la señorial calle Real deja paso a los valientes e intrépidos... La magia del circo vuelve a sorprendernos.

Noche de Pandorgas

La noche ocupa uno de los momentos más genuinos de la amplia programación tradicional de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Muchos de los actos principales de su itinerario transcurren precisamente en esas horas; el Festival del siglo xviii, el Carro Alegórico y Triunfal o la Danza de Enanos, que alarga su periplo hasta el alba, son sólo algunos ejemplos representativos del protagonismo que la nocturnidad tiene y ha tenido en el arco temporal de las semanas lustrales. Pero qué duda cabe de que la fiesta nocturna por excelencia de la Bajada de la Virgen es el desfile de la Pandorga que, cada cinco años, recorre en dos filas interminables la arteria principal de Santa Cruz de La Palma. Miles de farolillos de colores y formas diferentes (casitas, gatos, perros, ratones, jirafas, elefantes, etc.) son llevados calle arriba por un ejército infinito de jovencísimos porteadores, a los que se suman también otras generaciones: hermanos mayores, primos, padres y amigos. Una masa de luces conquista por unas cuantas horas la ciudad, envuelta por el olor de la cera de las velas, la animosa música para banda y el sonado griterío de la chiquillería. Su corta vida finaliza con la quema de las caperuzas en el cauce del barranco de Nuestra Señora de las Nieves. En su origen, la voz pandorga designaba en el ámbito hispánico la «Junta de variedad de instrumentos, de que resulta consonancia de mucho ruido», según constata la acepción recogida en 1737 en el tomo v del Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua. Pero en Canarias, este fin de fiesta, habitual en toda clase de representaciones parateatrales como las mojigangas o los entremeses, hubo de evolucionar hasta convertirse en un número independiente que hacía su aparición en la tranquila vida cotidiana con ocasión de alguna celebración extraordinaria, y en el que la luz, en contraste con la noche, puntuaba su rasgo más característico. En La Palma, las primeras noticias conocidas de la Pandorga se documentan en la recepción hecha al obispo de la Diócesis Nivariense Luis Folgueras Sión en su visita a la isla en diciembre de 1830, año de Bajada: «Los primeros días, luego que cesó de llover, el venerable clero de la ciudad celebró la venida de su ilustrísimo prelado con regocijos públicos, una noche con el carro y la danza de niños y música, y otra con una iluminación abundante, que los naturales llaman la Pandorga, además de las iluminarias de las tres noches primeras, y repiques generales que son de costumbre». A lo largo del siglo xix, los testimonios se multiplican en cada edición. En 1860, el periodista José María Fernández Díaz (Santa Cruz de La Palma, 1806-?) comentaba en su crónica de las fiestas lustrales que la Pandorga, «al decir de los extranjeros y peninsulares, y demás forasteros, es puramente palmera. Esta fiesta siempre gusta, y a pesar que iba algo desordenada y escasa de caperuzas, estuvo buena». Durante cuatro largos meses, un taller, compuesto por artífices voluntarios, dan forma a los faroles, construidos con varillas de madera y papel de colores, al que se une una vara de madera, de un metro o más de largo, que eleva el farolillo y sirve asimismo como asidero. Gracias a esta labor, anónima y generosa, la noche de Pandorga da luz a la ciudad y anuncia la venida de la Virgen.

Danza de Mascarones

Con el nombre de mascarones se conoce en La Palma la comparsa de gigantes y cabezudos que recorre las principales calles de la ciudad en medio de una ruidosa y asombrada algarabía infantil. Un total de 40cabezudos y cinco parejas de gigantes (gitanos, chinos, árabes, reyes y magos) componen esta singular comitiva que cada mes de mayo toma las calles capitalinas con motivo de las fiestas del Día de la Cruz. Es, sin embargo, durante la Bajada de la Virgen cuando el Desfile o Danza de Mascarones adquiere carácter multitudinario, hasta el punto de constituir uno de los números grandes del programa de actos. En Santa Cruz de La Palma, varias de estas figurashan adquirido tal popularidad que poseen nombre propio. El más singular es sin duda Biscuit, un personaje grotesco que encabeza el desfile portando bastón de mando y un peculiar gorro napoleónico que hace que muchos foráneos lo confundan, no sin cierta razón, con el Enano de la Bajada, pues en lo antiguo, Biscuit precedió, en alguna ocasión, la danza de éstos, tal y como ha demostrado recientemente el investigador Manuel Poggio Capote. Hoy, su presencia se circunscribe sólo a la salida entre el resto de gigantes y cabezudos. Otros personajes exclusivos de estas latitudes son La Luna de Valencia, la Manola y el Asmático, mientras que comunes a otras comparsas de gigantes y cabezudos figuran el Payaso, el Mono o el Policía. A ellos se han sumando en las últimas décadas diferentes personajes del imaginario infantil, en especial del universo de Walt Disney, como Mickey, Bambi o Blancanieves y los siete enanitos. Todos ellos desfilan alegremente al ritmo que marcan varias bandas de música y agrupaciones de cornetas y tambores. Para los niños de mayor edad, sin embargo, el centro de atención recae en las temidas Brujas, cuyo cometido no es otro que repartir escobazos entre la concurrencia. Y no es extraño que se produzcan auténticas avalanchas infantiles para huir de sus golpes, algunos bastantes contundentes, en respuesta a las provocaciones de los chiquillos.

Danza infantil coreada (Danza de los marineros)

Dentro de la programación de actos tradicionales que conforma el núcleo de funciones organizadas durante las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen, las danzas infantiles coreadas constituyen uno de los números más entrañables y genuinos de cuantos se celebran durante la llamada Semana Chica. La ingenuidad de su texto, su melodía pegadiza, su indumentaria y atrezzo, marcados por la presencia de los arcos florales que portan sus intérpretes, y el protagonismo de los niños en la representación cifran la notable afición que las mismas han despertado a lo largo del tiempo. La presencia de estas danzas infantiles, que constan de una coreografía coral y una parte literaria cantada y/o recitada, se documenta por primera vez en Santa Cruz de La Palma durante la festividad del Corpus Christi, pudiendo citarse, entre otros ejemplares conservados, el Baile «El Salvaje», para la fiesta sacramental de 1726, el Baile de «Señora Inés», destinado a la edición de 1745, el Baile de las Bandoleras, para la de 1751, o el Baile de las «Viruelas», para 1760. En la Bajada de la Virgen, la evidencia de danzas infantiles se relaciona íntimamente con la puesta en escena del Carro Alegórico. Así, en la cita lustral de 1765, acompañaban al carro 12 niños, colocados a ambos lados, «de dies a doze años, vestidos de blanco todos, a imitazión de la Nieve, cuios ropages se compusieron de belillos y lamas de plata de clarines, con sus cintos primorosos y tocados de lo mismo muy adornados de prendas. Estos hacían los doze atributos de la Virgen, los quales se repartió el que iva en el Carro, poniendo sobre la cabeza de ellos, a uno una palma, a otro un ciprés dorado, como se siguen los atributos». Los mismos respondían a coro una estrofa cantada a cada una de las intervenciones, también poéticas, del personaje principal del carro, la Fama. Con el tiempo, poco a poco, estas danzas fueron componiéndose ex profeso dentro de las fiestas como número independiente del Carro, integrándose en el programa de actos tradicionales. La temática de la danza era distinta en cada ocasión, repitiéndose a veces también textos y partituras de obras ya estrenadas. Tal ocurre con la Danza de las Mariposas, escrita para la edición lustral de 1895, con letra del poeta satírico y periodista Domingo Carmona Pérez (1854-1906) y música del médico aridanense, científico y compositor Elías Santos Abreu (1856-1937), publicada ese mismo año por la imprenta «La Lealtad», que ha contado con sucesivas exposiciones.

Bajada del trono

Con el nombre de Bajada del trono se conoce en La Palma el tradicional traslado de las piezas que conforman el trono de plata que se monta en la iglesia de El Salvador para albergar la imagen de la Virgen de las Nieves durante su estancia quinquenal en la ciudad. El citado altar-trono comenzó a realizarse en 1672, año en que se constatan las primeras donaciones de plata para su composición, hallándose concluida la grada y los remates laterales en 1733. La obra incluye, asimismo, sagrario, datado en 1713, con retoques efectuados en 1720, y frontal, donado en 1714 por el presbítero Juan Vicente de Torres Ayala y Santa Cruz, natural de La Palma y vecino de la villa cubana de Guanabacoa. Todavía en 1967, se colocó una última grada que hubo de completar el conjunto. En la Bajada del trono también se bailan a hombros las andas de baldaquino, de «plata repujada» -que conducen a la imagen durante su periplo urbano por Santa Cruz de La Palma-, encargadas al orfebre y capitán de milicias de La Palma el breñusco Pedro Leonardo Santa Cruz (1635-1681), que las dejó inacabadas, concluyéndose la obra en Tenerife. El altar-trono, despiezado, es transportado por grupos de romeros, que mueven y agitan los trozos en el recorrido festivo que desde el Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves termina en el interior de la parroquia matriz de El Salvador, donde se depositan para su montaje días después. La programación de este capítulo de la jornada, domingo de la Semana Chica (4 de julio de 2010), principia con la misa de romeros en el Santuario; a su término, se procede a la bendición de los caminantes y comienza la bajada del trono en una romería tradicional complementada con la presencia de la música y danzas del folclore regional y la indumentaria tradicional de La Palma en sus variantes de traje de faena o labor, traje de gala y traje de manto y saya. Las telas de seda del país o importada, las lanas y linos, los bordados de la tierra y la artesanía vegetal brindan un espectáculo visual de color y texturas difícil de igualar, a lo que se suma el gusto por la perfección en el cuidado los detalles que vivifica, lustro a lustro, el esmerado quehacer de las maestras costureras y tejedoras palmeras. La romería avanza por la carretera general adentrándose en el camino real de la Dehesa de la Encarnación: desde el Llano de la Cruz, pasando por El Planto, hasta llegar a la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación; sigue un tramo de carretera y desemboca en el barranco de Nuestra Señora de las Nieves terminando en la plaza de La Alameda. En este punto tiene lugar la concentración de romeros, quienes inician la última etapa de su aventura a través de la arteria principal del casco urbano de Santa Cruz de La Palma: calles de San Francisco y Dr. Pérez Camacho -paralelas a La Alameda-, plaza de la Cruz del Tercero, calle Pérez de Brito y calle O'Daly hasta la plaza de España. Los romeros hacen su parada final en el interior de la iglesia de El Salvador, donde depositan las piezas del altar-trono para su recomposición y gozan la misa de acción de gracias. El fin de fiesta lo pone el gran baile tradicional al son de los toques de la música folclórica.

Traslado e izada de la bandera de la Virgen

Con este acto institucional comienza oficialmente el programa de la LXVIII edición de las Fiestas. El domingo previo a la Semana Chica una banda de cornetas y tambores recorre bien de madrugada las calles de Santa Cruz de La Palma, anunciando con algarabía que la espera de cinco años llega a su fin. A las once de la mañana la Bandera de la Virgen -una enseña blanca, de grandes dimensiones, con el anagrama de María bordado en su centro- es bendecida en el transcurso de una eucarística en la Parroquia Matriz de El Salvador y a continuación es transportada por numerosos ciudadanos y las autoridades civiles y religiosas de la Ciudad desde el atrio del ayuntamiento hasta el Castillo de la Virgen, donde será izada con pompa y solemnidad al compás del himno nacional tras el que retumbarán los cañonazos del Castillo y del Barco. Esta Bandera, réplica de la que ondea en ocasiones solemnes en el Santuario de Las Nieves, es utilizada exclusivamente durante las Fiestas Lustrales y ondeará en el lomo de La Encarnación hasta el 5 de agosto, día en el que la Virgen retorna a su ermita.

Pregón de las fiestas

Antiguamente la Bajada era anunciada por medio de unas estrofas dramatizadas sobre un carro que recorría las "calles, plazas y casas principales", pregonando a viva voz la llegada a la Ciudad de la Virgen de Las Nieves. Con el tiempo esta función anunciadora evolucionó hasta adquirir las características del auto mariano que hoy es el Carro Alegórico, número destacado de la Semana Grande. También el Castillo y la Nave estuvieron desde su origen vinculados al anuncio de las fiestas. El pregón, tal y como se lleva a cabo en la actualidad, es un acto muy reciente. Durante la segunda mitad del siglo XX se realizaba una grabación que era emitida la víspera de las fiestas "por todas las emisoras del archipiélago". A partir de la edición de 1995 el ayuntamiento optó por escoger a una persona ilustre nacida en La Palma o vinculada a la Isla para que, en un discurso más o menos erudito, más o menos emotivo, anuncie formalmente el comienzo de los festejos. En aquella ocasión fue el periodista y escritor Fernando G. Delgado; cinco años después, el compositor y poeta Luis Cobiella Cuevas; y en 2005, el periodista radiofónico Julio Marante Díaz. La lectura del pregón se realiza desde el balcón de la casa Monteverde (sede de la UNED), en la plaza de España, en fechas previas a la Semana Chica. En la edición de 2010, el Consejo de Gerencia de la Bajada de la Virgen propuso por unanimidad a Carmen Díaz Alayón como pregonera de las  Fiestas Lustrales. La prestigiosa filóloga nacida en Santa Cruz de La Palma fue la primera mujer en desempeñar el cometido de anunciar el comienzo de una nueva edición de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Y el 2015 se repitió con la periodista madrileña Montserrat Domínguez Montoli, directora editorial del diario en liínea El Huffington Post

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