Actos principales
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Minué (Festival del S. XVIII)

Entre las aportaciones al desarrollo del programa de actos de la Bajada de la Virgen durante el siglo XX, el Festival del siglo XVIII viene protagonizando como número principal la noche del miércoles de la Semana Grande.

Creado por primera vez en la edición lustral de 1945, el número contó entonces con la aportación literario musical de Luis Cobiella Cuevas (Santa Cruz de La Palma, 1925), quien desde Madrid había comenzado a componer la obra Minué, Romanza y Coro el año anterior, y la colaboración organizativa, coreográfica y de vestuario de Alberto José Fernández García, Argelio Pérez Algarrada, Álvaro Rodríguez Fernández, Celestino Cabrera y Celio Díaz.

Y ya al día siguiente de su estreno, la cabecera insular Diario de avisos vaticinaba que el Festival habría de «quedar incorporado a los números tradicionales del programa de la Bajada de la Virgen».

El Festival del siglo XVIII aúna, como lo hacen otros espectáculos de la Bajada lustral, las artes de la música, de la poesía y de la danza, recreando en su caso la puesta en escena de las históricas danzas cortesanas dieciochescas. Inspirado en los temas y motivos estéticos del Rococó, el Festival del siglo XVIII busca establecer un diálogo desde la modernidad con los gustos setecentistas en una fusión en la que interactúan coreografía, melodía, poesía, indumentaria y artes escénicas.

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Danza de acróbatas

Con los Acróbatas y su espectáculo de contorsiones, cabriolas, piruetas, trepas, equilibrios, vueltas y saltos, las calles y plazas de Santa Cruz de La Palma rememoran el arraigo del histrionismo circense que desde finales del siglo xix mantuvo ocupados a los palmeros más gallardos y bizarros. Con su mágica presencia y su siempre brillante actuación, los hombres y mujeres del circo abrieron en La Palma una ventana a la fundación de sociedades locales dedicadas a la enseñanza y promoción del ejercicio físico entre los más jóvenes; primero, «La Patriótica» y, años más tarde, otras asociaciones contribuyeron a fortalecer la idea de la coreografía artística como mecanismo espectacular y medio eficaz para el fomento de la activación del cuerpo, clave según promulgaban las novedosas tendencias de cuidado, salubridad e higiene del siglo.

Como ha puesto de relieve el historiador José Eduardo Pérez Hernández (Breña Alta, 1968), fue en 1885 cuando «La Gimnástica» inauguró la primera puesta en escena de las entonces denominadas «danzas caprichosas de gimnastas» en el contexto de la Bajada de la Virgen. La prensa insular saludaba el novedoso número con entusiasmo, anunciado para comenzar a las 8 de la noche el lunes 13 de abril en la plaza de Santo Domingo, continuando con varias representaciones en las calles O’Daly, Santiago (actual Pérez de Brito), las cuatro esquinas, Santa Catalina, placeta de Borrero y plaza de la Constitución (hoy, plaza de España). La segunda edición, en la Bajada de 1895, la «ingeniosa» danza «de gimnastas resultó de mucho efecto, por los grupos elegantes y variados que formaban, sobresaliendo el que imitaba una fuente monumental, que agradó muchísimo», comenta la crónica correspondiente publicada el 4 de mayo por El adalid.

Olvidada en la cita lustral desde su última actuación en 1975, en la edición de 2005 volvió su encantadora coreografía a inundar las calles de Santa Cruz de La Palma. Niños y jóvenes de entre unos 6 y 18 años aproximadamente comparten la grandeza del escenario urbano de la capital insular para insinuar a los espectadores, aglomerados en las aceras, la deslumbrante destreza de su epopeya acrobática, de su poética danza, al calor de la omnipresente melodía chispeante que interpreta la Banda Municipal de Música San Miguel. La contorsión no tiene límites y el redoble de la caja de guerra anuncia el momento más emocionante: en la doble escalera se despliegan brazos y piernas formando una figura casi imposible, una proeza que pone en juego las largas semanas de ensayo que preceden al estreno. Es de noche y la ruta marcada por la señorial calle Real deja paso a los valientes e intrépidos… La magia del circo vuelve a sorprendernos.

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La Pandorga

La noche ocupa uno de los momentos más genuinos de la amplia programación tradicional de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Muchos de los actos principales de su itinerario transcurren precisamente en esas horas; el Festival del siglo xviii, el Carro Alegórico y Triunfal o la Danza de Enanos, que alarga su periplo hasta el alba, son sólo algunos ejemplos representativos del protagonismo que la nocturnidad tiene y ha tenido en el arco temporal de las semanas lustrales.

Pero qué duda cabe de que la fiesta nocturna por excelencia de la Bajada de la Virgen es el desfile de la Pandorga que, cada cinco años, recorre en dos filas interminables la arteria principal de Santa Cruz de La Palma. Miles de farolillos de colores y formas diferentes (casitas, gatos, perros, ratones, jirafas, elefantes, etc.) son llevados calle arriba por un ejército infinito de jovencísimos porteadores, a los que se suman también otras generaciones: hermanos mayores, primos, padres y amigos. Una masa de luces conquista por unas cuantas horas la ciudad, envuelta por el olor de la cera de las velas, la animosa música para banda y el sonado griterío de la chiquillería. Su corta vida finaliza con la quema de las caperuzas en el cauce del barranco de Nuestra Señora de las Nieves.

En su origen, la voz pandorga designaba en el ámbito hispánico la «Junta de variedad de instrumentos, de que resulta consonancia de mucho ruido», según constata la acepción recogida en 1737 en el tomo v del Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua. Pero en Canarias, este fin de fiesta, habitual en toda clase de representaciones parateatrales como las mojigangas o los entremeses, hubo de evolucionar hasta convertirse en un número independiente que hacía su aparición en la tranquila vida cotidiana con ocasión de alguna celebración extraordinaria, y en el que la luz, en contraste con la noche, puntuaba su rasgo más característico.

 

En La Palma, las primeras noticias conocidas de la Pandorga se documentan en la recepción hecha al obispo de la Diócesis Nivariense Luis Folgueras Sión en su visita a la isla en diciembre de 1830, año de Bajada: «Los primeros días, luego que cesó de llover, el venerable clero de la ciudad celebró la venida de su ilustrísimo prelado con regocijos públicos, una noche con el carro y la danza de niños y música, y otra con una iluminación abundante, que los naturales llaman la Pandorga, además de las iluminarias de las tres noches primeras, y repiques generales que son de costumbre».

 

A lo largo del siglo xix, los testimonios se multiplican en cada edición. En 1860, el periodista José María Fernández Díaz (Santa Cruz de La Palma, 1806-?) comentaba en su crónica de las fiestas lustrales que la Pandorga, «al decir de los extranjeros y peninsulares, y demás forasteros, es puramente palmera. Esta fiesta siempre gusta, y a pesar que iba algo desordenada y escasa de caperuzas, estuvo buena».

Durante cuatro largos meses, un taller, compuesto por artífices voluntarios, dan forma a los faroles, construidos con varillas de madera y papel de colores, al que se une una vara de madera, de un metro o más de largo, que eleva el farolillo y sirve asimismo como asidero. Gracias a esta labor, anónima y generosa, la noche de Pandorga da luz a la ciudad y anuncia la venida de la Virgen.

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Los Mascarones

Con el nombre de mascarones se conoce en La Palma la comparsa de gigantes y cabezudos que recorre las principales calles de la ciudad en medio de una ruidosa y asombrada algarabía infantil. Un total de 40 cabezudos y cinco parejas de gigantes (gitanos, chinos, árabes, reyes y magos) componen esta singular comitiva que cada mes de mayo toma las calles capitalinas con motivo de las fiestas del Día de la Cruz.

 

Es, sin embargo, durante la Bajada de la Virgen cuando el Desfile o Danza de Mascarones adquiere carácter multitudinario, hasta el punto de constituir uno de los números grandes del programa de actos. En Santa Cruz de La Palma, varias de estas figurashan adquirido tal popularidad que poseen nombre propio. El más singular es sin duda Biscuit, un personaje grotesco que encabeza el desfile portando bastón de mando y un peculiar gorro napoleónico que hace que muchos foráneos lo confundan, no sin cierta razón, con el Enano de la Bajada, pues en lo antiguo, Biscuit precedió, en alguna ocasión, la danza de éstos, tal y como ha demostrado recientemente el investigador Manuel Poggio Capote.

 

Hoy, su presencia se circunscribe sólo a la salida entre el resto de gigantes y cabezudos. Otros personajes exclusivos de estas latitudes son La Luna de Valencia, la Manola y el Asmático, mientras que comunes a otras comparsas de gigantes y cabezudos figuran el Payaso, el Mono o el Policía. A ellos se han sumando en las últimas décadas diferentes personajes del imaginario infantil, en especial del universo de Walt Disney, como Mickey, Bambi o Blancanieves y los siete enanitos. Todos ellos desfilan alegremente al ritmo que marcan varias bandas de música y agrupaciones de cornetas y tambores.

Para los niños de mayor edad, sin embargo, el centro de atención recae en las temidas Brujas, cuyo cometido no es otro que repartir escobazos entre la concurrencia. Y no es extraño que se produzcan auténticas avalanchas infantiles para huir de sus golpes, algunos bastantes contundentes, en respuesta a las provocaciones de los chiquillos.

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Danza infantil coreada (Danza de los marineros)

Dentro de la programación de actos tradicionales que conforma el núcleo de funciones organizadas durante las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen, las danzas infantiles coreadas constituyen uno de los números más entrañables y genuinos de cuantos se celebran durante la llamada Semana Chica. La ingenuidad de su texto, su melodía pegadiza, su indumentaria y atrezzo, marcados por la presencia de los arcos florales que portan sus intérpretes, y el protagonismo de los niños en la representación cifran la notable afición que las mismas han despertado a lo largo del tiempo.

La presencia de estas danzas infantiles, que constan de una coreografía coral y una parte literaria cantada y/o recitada, se documenta por primera vez en Santa Cruz de La Palma durante la festividad del Corpus Christi, pudiendo citarse, entre otros ejemplares conservados, el Baile «El Salvaje», para la fiesta sacramental de 1726, el Baile de «Señora Inés», destinado a la edición de 1745, el Baile de las Bandoleras, para la de 1751, o el Baile de las «Viruelas», para 1760.

 

En la Bajada de la Virgen, la evidencia de danzas infantiles se relaciona íntimamente con la puesta en escena del Carro Alegórico. Así, en la cita lustral de 1765, acompañaban al carro 12 niños, colocados a ambos lados, «de dies a doze años, vestidos de blanco todos, a imitazión de la Nieve, cuios ropages se compusieron de belillos y lamas de plata de clarines, con sus cintos primorosos y tocados de lo mismo muy adornados de prendas. Estos hacían los doze atributos de la Virgen, los quales se repartió el que iva en el Carro, poniendo sobre la cabeza de ellos, a uno una palma, a otro un ciprés dorado, como se siguen los atributos». Los mismos respondían a coro una estrofa cantada a cada una de las intervenciones, también poéticas, del personaje principal del carro, la Fama.

 

Con el tiempo, poco a poco, estas danzas fueron componiéndose ex profeso dentro de las fiestas como número independiente del Carro, integrándose en el programa de actos tradicionales. La temática de la danza era distinta en cada ocasión, repitiéndose a veces también textos y partituras de obras ya estrenadas. Tal ocurre con la Danza de las Mariposas, escrita para la edición lustral de 1895, con letra del poeta satírico y periodista Domingo Carmona Pérez (1854-1906) y música del médico aridanense, científico y compositor Elías Santos Abreu (1856-1937), publicada ese mismo año por la imprenta «La Lealtad», que ha contado con sucesivas exposiciones.

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[ 13 enero, 2020 por administrador 0 Comentarios ]

Bajada del trono o romería

Con el nombre de Bajada del trono se conoce en La Palma el tradicional traslado de las piezas que conforman el trono de plata que se monta en la iglesia de El Salvador para albergar la imagen de la Virgen de las Nieves durante su estancia quinquenal en la ciudad. El citado altar-trono comenzó a realizarse en 1672, año en que se constatan las primeras donaciones de plata para su composición, hallándose concluida la grada y los remates laterales en 1733. La obra incluye, asimismo, sagrario, datado en 1713, con retoques efectuados en 1720, y frontal, donado en 1714 por el presbítero Juan Vicente de Torres Ayala y Santa Cruz, natural de La Palma y vecino de la villa cubana de Guanabacoa. Todavía en 1967, se colocó una última grada que hubo de completar el conjunto. En la Bajada del trono también se bailan a hombros las andas de baldaquino, de «plata repujada» -que conducen a la imagen durante su periplo urbano por Santa Cruz de La Palma-, encargadas al orfebre y capitán de milicias de La Palma el breñusco Pedro Leonardo Santa Cruz (1635-1681), que las dejó inacabadas, concluyéndose la obra en Tenerife.

 

El altar-trono, despiezado, es transportado por grupos de romeros, que mueven y agitan los trozos en el recorrido festivo que desde el Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves termina en el interior de la parroquia matriz de El Salvador, donde se depositan para su montaje días después. La programación de este capítulo de la jornada, domingo de la Semana Chica (4 de julio de 2010), principia con la misa de romeros en el Santuario; a su término, se procede a la bendición de los caminantes y comienza la bajada del trono en una romería tradicional complementada con la presencia de la música y danzas del folclore regional y la indumentaria tradicional de La Palma en sus variantes de traje de faena o labor, traje de gala y traje de manto y saya.

Las telas de seda del país o importada, las lanas y linos, los bordados de la tierra y la artesanía vegetal brindan un espectáculo visual de color y texturas difícil de igualar, a lo que se suma el gusto por la perfección en el cuidado los detalles que vivifica, lustro a lustro, el esmerado quehacer de las maestras costureras y tejedoras palmeras.

La romería avanza por la carretera general adentrándose en el camino real de la Dehesa de la Encarnación: desde el Llano de la Cruz, pasando por El Planto, hasta llegar a la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación; sigue un tramo de carretera y desemboca en el barranco de Nuestra Señora de las Nieves terminando en la plaza de La Alameda. En este punto tiene lugar la concentración de romeros, quienes inician la última etapa de su aventura a través de la arteria principal del casco urbano de Santa Cruz de La Palma: calles de San Francisco y Dr. Pérez Camacho -paralelas a La Alameda-, plaza de la Cruz del Tercero, calle Pérez de Brito y calle O’Daly hasta la plaza de España. Los romeros hacen su parada final en el interior de la iglesia de El Salvador, donde depositan las piezas del altar-trono para su recomposición y gozan la misa de acción de gracias. El fin de fiesta lo pone el gran baile tradicional al son de los toques de la música folclórica.

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Izada de la bandera de la Virgen

Con este acto institucional comienza oficialmente el programa de la LXVIII edición de las Fiestas.

El domingo previo a la Semana Chica una banda de cornetas y tambores recorre bien de madrugada las calles de Santa Cruz de La Palma, anunciando con algarabía que la espera de cinco años llega a su fin.

A las once de la mañana la Bandera de la Virgen -una enseña blanca, de grandes dimensiones, con el anagrama de María bordado en su centro- es bendecida en el transcurso de una eucarística en la Parroquia Matriz de El Salvador y a continuación es transportada por numerosos ciudadanos y las autoridades civiles y religiosas de la Ciudad desde el atrio del ayuntamiento hasta el Castillo de la Virgen, donde será izada con pompa y solemnidad al compás del himno nacional tras el que retumbarán los cañonazos del Castillo y del Barco.

Esta Bandera, réplica de la que ondea en ocasiones solemnes en el Santuario de Las Nieves, es utilizada exclusivamente durante las Fiestas Lustrales y ondeará en el lomo de La Encarnación hasta el 5 de agosto, día en el que la Virgen retorna a su ermita.

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Gala de la Reina Adulta

No hay festejo que se precie que no cuente con su reina y su corte de damas de honor.

Este año girará en torno al tema «Cielos de LaPalma», bajo la dirección artística de Israel Reyes, con la participación de Revolution Dance y de la compañía Clapso Producciones; puesta en escena del espectáculo Pieles y actuaciones del acróbata Rubén Adrián Fernández, del violinista José Luis Montesdeoca, de la cómica Petit Lorena y del cantante David De María, en el Recinto Central de las Fiestas Lustrales. Presentan: los periodistas Pedro Montesinos y Magaly Cáceres.

El acto será traducido a la lengua de signos por Funcasor.

En este caso un largo reinado, puesto en la Bajada de la Virgen el título se ostenta no durante un año sino durante cinco. Un jurado elige a las jóvenes más agraciadas entre las presentadas por cuantas asociaciones culturales, deportivas o asociaciones de vecinos del municipio quieran participar.

Hasta hace pocos años, la reina era elegida meses antes de la Bajada y luego, durante las fiestas, tenía lugar una gala de presentación, con presencia de cantantes y artistas de renombre. En la edición de 2005, en cambio, la gala fue propiamente de elección de la reina, celebrándose en el recinto central de las Fiestas el viernes anterior a la Semana Chica.

El papel de la reina suele ser más bien protocolario, como es habitual en estos casos, presidiendo diversos actos del programa, entre otros, la Fiesta de Arte o el desfile de carrozas. También los niños cuentan con su reina infantil de las Fiestas Lustrales.

Preparativos
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El Cabildo se une al proceso para Patrimonio de la Humanidad

La consejera de Cultura se ha sumado al camino iniciado por el ayuntamiento hace siete años

El Grupo de Gobierno (PP-CC) en Santa Cruz de La Palma agradece a la consejera insular de Cultura y Patrimonio Histórico, Jovita Monterrey, que se una al camino que el Ayuntamiento inició oficialmente en 2013 para lograr la declaración de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de Las Nieves como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

El gobierno municipal ha destacado que durante los últimos siete años el trabajo desarrollado por la corporación local “se ha visto reforzado indudablemente por la aportación de diferentes colectivos sociales y de particulares para lograr el reconocimiento de la Unesco a una de las fiestas más singulares que se celebran en todo el territorio nacional”.

Fue el día 13 de mayo de 2013 cuando el ayuntamiento aprobó en sesión plenaria de forma unánime, solicitar a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias la proposición de candidatura de la Bajada de la Virgen, a fin de que se eleve la propuesta al Comité para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

El alcalde, Juanjo Cabrera, y el primer teniente de alcalde, Tony Acosta, agradecen que ahora Jovita Monterrey declare públicamente que el Cabildo de La Palma iniciará su camino para apoyar la iniciativa municipal. Y es que “la unión que todos los que amamos las Fiestas Lustrales hará que tengamos más fuerza a nivel internacional. Nunca es tarde para todos aquellos que estén dispuestos a dar un paso y colaborar con el Ayuntamiento”.

La Comisión de Patrimonio de la Humanidad de la Bajada de la Virgen de Santa Cruz de La Palma solicitó el pasado mes de octubre al Cabildo la máxima distinción de la Isla para las Fiestas Lustrales. Fue una de las primeras iniciativas acordadas por esta delegación del Consejo Rector del Organismo Autónomo de la Bajada de la Virgen compuesta por media docena de personalidades provenientes de varios ámbitos de la sociedad insular, que también requirieron el inicio del expediente para que el Gobierno de Canarias declare las fiestas Bien de Interés Cultural.

Cabrera y Acosta se han mostrado satisfechos por el anuncio de la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico de que la iniciativa de la comisión municipal será llevada a la sesión plenaria del Cabildo prevista para este mes de enero. “Sabemos que está siendo un camino largo, pero estamos convencidos de que al final lograremos que la Bajada por su singularidad sea Patrimonio de la Humanidad, gracias a los que iniciamos el camino como institución y también a los que ahora poco a poco se unen”, sentencian.

 

Fuente: labajadadelavirgen.com

Actos principales
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Pregón de las fiestas

Antiguamente la Bajada era anunciada por medio de unas estrofas dramatizadas sobre un carro que recorría las “calles, plazas y casas principales”, pregonando a viva voz la llegada a la Ciudad de la Virgen de Las Nieves.

Con el tiempo esta función anunciadora evolucionó hasta adquirir las características del auto mariano que hoy es el Carro Alegórico, número destacado de la Semana Grande. También el Castillo y la Nave estuvieron desde su origen vinculados al anuncio de las fiestas.

El pregón, tal y como se lleva a cabo en la actualidad, es un acto muy reciente. Durante la segunda mitad del siglo XX se realizaba una grabación que era emitida la víspera de las fiestas “por todas las emisoras del archipiélago”. A partir de la edición de 1995 el ayuntamiento optó por escoger a una persona ilustre nacida en La Palma o vinculada a la Isla para que, en un discurso más o menos erudito, más o menos emotivo, anuncie formalmente el comienzo de los festejos.


En aquella ocasión fue el periodista y escritor Fernando G. Delgado; cinco años después, el compositor y poeta Luis Cobiella Cuevas; y en 2005, el periodista radiofónico Julio Marante Díaz. La lectura del pregón se realiza desde el balcón de la casa Monteverde (sede de la UNED), en la plaza de España, en fechas previas a la Semana Chica. En la edición de 2010
, el Consejo de Gerencia de la Bajada de la Virgen propuso por unanimidad a Carmen Díaz Alayón como pregonera de las  Fiestas Lustrales. La prestigiosa filóloga nacida en Santa Cruz de La Palma fue la primera mujer en desempeñar el cometido de anunciar el comienzo de una nueva edición de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Y el 2015 se repitió con la periodista madrileña Montserrat Domínguez Montoli, directora editorial del diario en línea El Huffington Post

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